Cuando los propietarios no quieren vender sus casas.

En 1914 el gobierno de la ciudad de Nueva York tomó propiedad de un edificio de departamentos que pertenecía a David Hess. La ciudad utilizó un poder legal llamado “dominio eminente”, que permite a los gobiernos apoderarse la propiedad privada para uso público, en este caso querían expandir el sistema del subterráneo. Hess peleó y perdió, cuando todo estaba dicho y hecho, su edificio fue demolido y todo lo que le quedó fue un espacio en forma de triángulo como propiedad. Era del tamaño de una tajada de pizza.

888179161356911792Posteriormente la ciudad trató de hacer que él les done su propiedad en forma de pizza para que pudieran construir una vereda. Él se negó de nuevo. Construyeron la vereda de todas maneras y en el medio de la vereda está el triángulo de Hess con el mosaico que dice: “Propiedad de Hess la cual nunca ha sido dedicada a propósitos públicos”.

La gente como David Hess, quienes se niegan a vender sus propiedades son llamados “holdouts” o rechazadores. El dominio eminente generalmente sólo se usa cuando el gobierno quiere propiedad privada para uso público (aunque ha habido excepciones). Si es un proyecto privado que quiere tu lugar y no quieres venderlo, a menudo no hay mucho que ellos puedan hacer. En China que ha expeirmentado un crecimiento en años reciente, les llaman a estas casas que no quieren vender “nail houses” o casa clavo.

gubuglu8zpnqyu2heljvAproximadamente en el 2005, un vecindario de Seattle llamado Ballard comenzó a tener un crecimiento sin precedentes Condominios y edificios de apartamentos empezaron a brotar por toda la comunidad la cual había una vez sido principalmente hogares familiares y pequeños negocios. Por ese tiempo, los constructores le ofrecieron a una mujer llamada Edith Macefield $750,000 dólares por su pequeña casa, la cual estaba valorizada en $120,000. Ellos querían construir un centro comercial en la cuadra donde Macefield había vivido los últimos 50 años.

Macefield rechazó la oferta. Los constructores siguieron con el proyecto. El centro comercial rodeó su casa por 3 lados.

888179161518760880Los arquitectos diseñaron el edificio de tal forma que si la Sra. Macefield en algún momento decidia mudarse, ellos fácilmente pudieran incorporar el espacio donde estaba su casa. Los constructores eventualmente incrementaron su oferta a 1 millón de dólares además de ofrecerle encontrar un hogar similar en otro lado y pagarle servicio de salud para Macefield quien era una viejita y con una pobre salud.

Otra vez, Edith Macefield rechazó la oferta.

Vista aerea de la casa de Edith Macefield (a la izquierda de la grúa verde).
Vista aerea de la casa de Edith Macefield (a la izquierda de la grúa verde).

La prensa amaba a Edith Macefield, la historia de David y Goliath de una ancianita versus los grandes y malos constructores. Aunque la prensa quería hablar con Macefield, ella no quería hablar con ellos.

Lentamente, Macefield se encariñó con algunos trabajadores del proyecto, especialmente Barry Martin, el superintendente del proyecto quien la visitaría ocasionalmente y le dejaría tarjetas de presentación, diciéndole que le llame si necesitaba algo.

Eventualmente ella le pidió a Martin que la lleve a hacerse el cabello.

Edith Macefield y Barry Martin en camino a la peluquería. Foto cortesía de Barry Martin.
Edith Macefield y Barry Martin en camino a la peluquería. Foto cortesía de Barry Martin.

Pronto, Barry Martin empezó a llevar a Edith Macefield a todas sus reuniones y luego porque era más fácil coordinar con su calendario él empezó a hacerlas.

Pasando todo ese tiempo juntos, Martin llegó a conocer bien a Macefield. El aprendió que ella no estaba molesta por la forma en que la comunidad estaba cambiando. Ella no estaba molesta por el centro comercial que estaban construyendo más o menos encima de su casa. Al contrario, ella estaba feliz de tener compañía.

Edith Macefield. Credito: Barry Martin.
Edith Macefield. Credito: Barry Martin.

Macefield era una ávida lectora y amaba hablar sobre libros, escuchar música antigua (opera y música de grandes bandas, de acuerdo con Martin) y mirar películas antiguas. Ella fue una escritora. Su más grande trabajo fue un libro de ficción de 1,138 páginas titulado, “Where yesterday began” donde el ayer comenzó. Ella pagó para que el libro se publicara en 1994 bajo el nombre de “Domilini”.

Domilini fue el seudónimo de Edith Macefield. Imagen cortesía de Barry Martin.
Domilini fue el seudónimo de Edith Macefield. Imagen cortesía de Barry Martin.

Como Martin llegó a conocer a Macefield, ella le contó historias sobre su pasado que eran tan increíbles que él encontraba difíciles de creer. Por ejemplo, ella dijo que había sido una espía para los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, y que había sido capturada espiando y pasó un tiempo en el campo de concentración alemán de Dachau. Ella también dijo que ella cuidó un número de huérfanos de la guerra en Inglaterra luego de la guerra con su entonces esposo, James Macefield. Y encima de eso, ella clamaba que Benny Goodman era su primo y que ella había tocado música con Tommy y Jimmy Dorsey.

Macefield tocaba el saxofón y el clarinete.

Macefield de joven, con su saxofón. Foto cortesía de Barry Martin.
Macefield de joven, con su saxofón. Foto cortesía de Barry Martin.

Barry Martin eventualmente se convirtió en la principal persona al cuidado de Edith Macefield, le hacía la mayor parte de sus comidas, la visitaba los fines de semana y la atendía incluso a mitad de la noche si ella llamaba diciendo que lo necesitaba. Finalmente ella aceptó tener una enfermera que viviera con ella cuando se le diagnosticó cáncer pancreático, aun así Martin se convirtió en su poder legal – la persona a quien ella pone a cargo de sus decisiones finales.

Edith Macefield murió en su casa el 15 de junio del 2008 a la edad de 86.

Ella le dejó su casa a Barry Martin, el superintendente de la construcción quien se convirtió en su amigo mientras simultáneamente ponía su casa en medio de un par de tiendas “Trader Jones” y “LA Fitness”.

Luego que muriera, Martin empezó a empacar las cosas de Macefield y buscar cosas que pudieran confirmar las locas historias que ella le contó sobre su pasado. Nunca encontró nada sobre su espace de Dachau o el cuidado de huérfanos de la guerra. Pero encontró un disco de Benny Goodman con una inscripción que decía “para mi prima Edith, con amor, Benny”. Y encontró la correspondencia que se puede ver abajo:

Correspondencia de Benny Goodman para Edith. Cortesía de Barry Martin.
Correspondencia de Benny Goodman para Edith. Cortesía de Barry Martin.

Luego que la gente se enteró que Edith Macefield le había dejado la casa a Barry Martin, hubo algunos que le llamaron oportunista. Es difícil que alguien que no sea Martin conozca sus verdaderos motivos pero hablamos con un par de trabajoderes de salud quienes cuidaron de la Sra. Macefield antes que muriera y ellos ambos confirman tener una muy buena opinión de él, dijeron que él estaba allí todos los días cuando nadie más estaba y que parecía preocuparse profundamente por Macefield.

Martin vendió la casa de Edith Macefield a un inversionista que tenía varios planes para ella, ninguno de los cuales se materializó y recientemente el mismo inversionista le pidió a Martin si estaba interesado en comprarla de regreso.

La casa está toda tapiada ahora y nadie está seguro sobre lo que le sucederá, lo cual es triste para algunas personas pero Martin dice que a Macefield no le importaba lo que pasara con su casa luego que muriese que ella nunca realmente le importó la gran historia que el mundo exterior había creado sobre ella. Ella tuvo sus razones personales para permanecer en su casa y no tenían nada que ver con la narrativa.

La casa de Macefield en el 2014. Crédito Kathy Mulady.
La casa de Macefield en el 2014. Crédito Kathy Mulady.

Sin importar las razones que haya tenido, ella mantuvo su lugar. Y se convirtió en un símbolo, ya sea que lo haya querido o no. Hay una tienda de tatuajes en Seattle que hace uno especial para honrar el legado de Edith Macefield. Es una foto de su pequeña casa y debajo de ella la palabra “steadfast” firme, resuelto, inalterable.

La productora Katie Mingle habló con el superintendente del proyecto, Barry Martin, la periodista Kathy Mulady, y los trabajadores de salud Karen Smith y Cathy Bailey para esta historia.

Barry Martin escribió un libro sobre su experiencia con Edith Macefield llamado “Under One Roof” o bajo un solo techo.

El artículo se publicó originalmente en 99% Invisible’s blog

Gizmodo – Roman Mars.

 

 

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