Prueba de Alerta de Tsunami en las Islas Galápagos.

El 1ro de abril a las 8:46 PM, las placas tectónicas de Nazca y Sudamérica colisionaron una contra la otra, 60 millas al noroeste de Iquique, Chile, 12.5 millas debajo de las aguas de la costa en el lado este del océano Pacífico. El terremoto resultante de 8.2 de magnitud disparó una veloz reacción a lo largo de la costa de Sudamérica, una región acostumbrada a grandes movimientos y conocedores de los peligros de los tsunamis.

A más de 1000 millas del epicentro, en las Islas Galápagos, un nuevo plan creado de evacuación por Tsunamis fue ejecutado minutos después de que ocurriera el terremoto. Las sirenas sonaron en Puerto Ayora, la ciudad más grande en las islas, a la hora de la cena. Circularon bomberos con megáfonos instando a la gente para que se muevan a tierras más elevadas a través de una red de puntos de reunión previamente designados. La mayoría lo hicieron, algunos se quedaron detrás, sin convencerse del peligro o confiados de su ubicación topológica.

El arquitecto del protocolo de evacuación, Ernesto Vaca, estaba en el centro de la acción, en la parte que da frente al mar de Puerto Ayora. En la oscuridad, él ayudó a los aldeanos y turistas a mover maletas y abordar buses, autos, motos, – cualquier cosa que tenga ruedas – para ir arriba de la montaña que domina la isla de Santa Cruz. Las tiendas de surf y agencias de turismo fueron cerradas, fotos promocionales de la observación de tortugas y las excursiones con snorkel se sentían incongruentes con el aire tenso de la noche.

Había una buena razón para preocuparse. En el 2011, una pared de agua barrió cruzando el océano Pacífico como continuación del terremoto que dañó la planta nuclear de Fukushima. Para el tiempo en que llegó a Puerto Ayora, la ola tenía 12 pies de alto; golpeó contra ventanas de vidrio e inundó la mayor parte de la parte baja de la ciudad. Aunque el daño fue relativamente mínimo, el evento generó una llamada de atención para las autoridades locales del gobierno.

Vaca ha pasado la mayor parte de los últimos 3 años desarrollando el plan de evacuación como Director para la preparación de emergencia y administración de riesgo de la provincia de Galapagos (él renunció al cargo hace unos meses atrás). El puesto había sido creado unos cuantos años atrás, cuando en el 2008 Ecuador adoptó una nueva constitución. “Somos el único país en el mundo en insertar un componente de administración de riesgo en nuestra constitución”, explica. “ahora es obligatorio tener planes para proteger a la población civil, para instruir, entrenar y enseñar a los empleados públicos sobre lo que deberían hacer en caso de una emergencia”.

La preparación para casos de emergencia para las Galápagos se lee como una obra de teatro apocaliptica en una región propensa a toda clase de desastre natural – incendios, erupciones volcánicas, terremotos, tsunamis e inundaciones. Se encuentran a 600 millas del Ecuador continental, las islas también necesitan estar conscientes de la lenta asistencia externa.

Vaca supervisó una exhaustiva revisión de las zonas de seguridad de cada ciudad, incorporando modelos predictivos que revelaron las zonas propensas a inundaciones para un rango de alturas de olas. Él realizó 7 ejercicios de evacuación con colegios y 3 simulacros a gran escala, uno en cada ciudad principal de la provincia. Su equipo examinó la infrastructura local para fortificar los suministros de emergencia de comida, agua y generación de electricidad. (Vaca buscó una ventana de 72 horas de auto-suficiencia antes de que pueda llegar la asistencia desde tierra firme).

Para las 8:45 PM hora local (las Galápagos están 3 horas detrás de Chile), las calles de Bellavista, una villa muy encima de la zona donde llega el agua, estaba desbordante de actividad, el plan de evacuación aparentemente un éxito. Cafés al aire libre esparcidos en las veredas y la muchedumbre apiñados alrededor de televisores, una atmósfera de decidida calma prevalecía.

Afortunadamente, la ola nunca llegó durante la noche del 1ro de abril (una ola menor, de menos de 1 metro fue medida tarde en la noche) pero los caprichos de la formación de tsunamis lo hicieron fallar por poco. Los tsunamis se forman cuando los movimientos de la tierra asociados con los terremotos desplazan el océano y generan una serie de olas. La magnitud de un terremoto de por sí no necesariamente cuenta la historia completa del desplazamiento y la geometría de la ola; diferencias de minutos pueden significar la diferencia entre un gentil incremento y una pared de agua agitada.

En el futuro, Vaca espera, que la gente de la ciudad cooperen de manera similar y que el equipo de administración de riesgo evite el síndrome del niño que gritaba “lobo”. “La gente me dice, nunca sucedió, ¿por qué debería preocuparme? cuenta Vaca. Él espera que una amplia campaña pública de educación, desde colegios hasta oficiales gubernamentales, se muestren convincentes.

“La evacuación de la noche anterior fue buena”, dice Vaca el día 2 de abril”. Todavía hay espacio para mejorar pero estamos listos”.

Extraído de Wired por Jeffrey Marlow.

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